En el Nuevo Testamento de la Biblia, encontramos el libro de Santiago que fue escrito por el “Medio hermano de Jesús” o, también conocido como Jacobo. Este varón era un líder respetado en la iglesia primitiva de Jerusalén.
En el capítulo 4 del libro de Santiago, encontramos la siguiente enseñanza: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, lamentad y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor y él os exaltará”.
Aquí se nos enseña que sólo acercándonos a Dios y teniendo una interacción real con Él podemos mantener una relación normal con Dios y además obtener la obra del Espíritu Santo, en nuestra vida.
Es como si dos personas se asociaran entre sí, sólo pueden mantener una estrecha relación durante mucho tiempo siendo más abiertos el uno con el otro, comunicándose más cuando encuentran problemas, y comprendiéndose y respetándose mutuamente.
En los tiempos actuales, se da mucho los trabajos acelerados, los trabajos exigentes, las relaciones complicadas y las malas tendencias sociales nos atraen y ocupan cada vez más.
La vida en estos últimos tiempos nos ha enseñado que las personas, los sucesos y las cosas del exterior perturban fácilmente nuestra mente y nos impiden mantener una relación normal con Dios.
Esto nos lleva a alejarnos cada vez más de Él y, cuando nos vemos en problemas, se nos hace muy difícil calmarnos ante Dios, acercarnos a Él y buscar la ayuda y la guía del Espíritu Santo.
Generalmente hacemos las cosas sin una dirección o propósito correcto, y nuestro interior está constantemente en un estado de vacío y agitación. Es en esos momentos donde nos preguntamos, ¿Cómo exactamente podremos mantener una relación estrecha con Dios?
A continuación les comparto tres puntos que nos pueden ayudar para que nuestra relación con Dios se vuelva, más cercana.
1° Oremos a Dios con un corazón recto o puro. La oración es el canal a través del cual nos comunicamos con Dios. La oración es el mejor medio para que nuestros corazones se logren calmar ante Dios, para entender mejor la palabra de Dios, buscar Su voluntad y establecer una relación normal con Él.
Hemos aprendido que, debido a que estamos ocupados con el trabajo o las tareas domésticas, a menudo hacemos como que oramos y tratamos a Dios a la ligera, sólo decimos unas cuantas palabras descuidadamente.
Cuando estamos ocupados, por ejemplo a primera hora de la mañana, yendo al trabajo o con otra cosa, generalmente oramos apresuradamente. Ejemplo: “¡Oh, Dios! Encomiendo el trabajo de hoy en Tus manos, y te encomiendo a mis hijos y mis padres. Lo encomiendo todo en tus manos y te pido que me bendigas y protejas. ¡Amén!”.
2° Cuando leamos la Palabra de Dios o la Biblia, examinemos lo que dice. La Biblia nos enseña que al leer la Palabra de Dios, debemos obtener iluminación del Espíritu Santo, entender lo que Dios desea para nosotros. Haciéndolo de esta manera, nos acercaremos más a Dios. Debemos calmar nuestro corazón y usarlo para reflexionar, por qué Dios dice tales cosas. ¿Cuál es la voluntad de Dios y qué resultados quiere lograr en nosotros al decir tales cosas? Sólo contemplando profundamente sus palabras, de esta manera podremos entender la voluntad de Dios y estar más de acuerdo con su corazón, y nuestra relación con Dios será cada vez más normal.
3° Busca la verdad y practica la palabra de Dios en todas las cosas. Lo más trascendente para mantener una relación normal con Dios es, buscar la verdad cuando nos topamos con problemas y practicar de acuerdo a lo que nos enseña la Biblia. En el Evangelio de Juan Capítulo 8, la Biblia nos dice: “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.
Al concluir estimadas y estimados debo decirles que, si practicamos los 3 puntos que hemos compartido más arriba, nuestra relación con Dios se volverá más estrecha, tendremos un camino de práctica con los problemas que nos topemos y Dios nos concederá paz y gozo y además, nos capacitará para vivir en Sus bendiciones. Así que, ¿por qué no empezamos ahora mismo, una nueva relación con Dios?
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