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El origen de la palabra disciplina viene de dos palabras en griego, las cuales son: «sophronismus» que literalmente significa «salvar la mente». Esta palabra da a entender que disciplina es una amonestación o llamamiento a la salud mental o al autocontrol. La segunda palabra es «paideuo» que también se traduce como «castigo» o «crianza» y, principalmente destaca la «enseñanza o instrucción de un niño o niña».

La Biblia en la Carta a Los Hebreos capítulo 12 nos enseña que: «Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados».

También en el libro de Proverbios capítulo 13 el cual fue escrito por el rey Salomón, la Biblia nos dice que: “No corregir al hijo es no quererlo; amarlo es disciplinarlo”. Esto nos da a entender que la disciplina en la Biblia se refiere a la formación y proceso de educación y de restauración. La disciplina por tanto sería: restauración, formación, consejo y guía. La disciplina no debiera ser: humillación, sometimiento o castigo.

Para quienes hemos comenzado una relación con Dios, hemos llegado a comprender como Dios nos muestra mediante la conciencia lo que es bueno y lo que es malo a sus ojos. Los que somos hijos e hijas de Dios tenemos un privilegio que las demás personas no tienen. Estamos bajo la disciplina de nuestro Padre Celestial.

Cuando los padres disciplinan a sus hijos e hijas, los están preparando para ser lo que ellos quieren que sean. Los buenos padres desean que sus hijos e hijas sean obedientes. Quieren que siempre digan la verdad y que sean honrados. Los papas quieren que sean diligentes y que sean cortés y considerados con los demás.

Los buenos padres comienzan la educación de sus hijos e hijas a edad muy temprana, y continúan su instrucción hasta que sus hijos alcanzan la madurez. Día tras día, fiel y amorosamente los disciplinan para hacerles como ellos quieren que sean.

Dios es un buen padre. Él, fiel y amorosamente nos disciplina como sus hijos e hijas, para hacernos como Él quiere que seamos. Nos instruye y nos enseña a través de su Palabra en la Biblia, para que podamos honrar Su nombre. El Señor da a Sus hijos e hijas, esta promesa en el Salmo 32: “El Señor dice: Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti”.

Dios nos enseña mientras estamos a solas con Él leyendo y estudiando Su Palabra. Nos enseña a través del ejemplo de hombres y mujeres compasivas. Muchas veces, Dios usa nuestras circunstancias para disciplinarnos y para hacernos como Él quiere que seamos.

Dios prepara toda clase de sucesos para enseñarnos lo que Él quiere que aprendamos. Todas las cosas que suceden a los hijos e hijas de Dios, no son por casualidad. Están ordenadas por Dios o son permitidas por Él, y juntas están obrando para nuestro bien.

En la Carta del Apóstol Pablo a los Romanos capítulo 8, la Biblia nos dice: “Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos y ellas”.

Al concluir podemos decir que: Muchas de las cosas que nos ocurren no parecen buenas en sí mismas. Por el contrario, pueden ser dolorosas y amargas para nosotros. Pero la Palabra de Dios en la Biblia nos dice que, podemos saber “que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”.

 


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