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A medida que vamos conociendo a Dios, podremos distinguir con seguridad su buena, aceptable y perfecta voluntad para nuestra vida.

En la Carta escrita por el Apóstol Pablo a Los Romanos, capítulo 12. La Biblia nos enseña lo siguiente: “No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto”. Esta enseñanza de la Biblia, tiene que ver con una de las preguntas más frecuentes que muchas personas que siguen a Jesús se hacen y que tiene que ver sobre la voluntad de Dios, para su vida.

Sin embargo, diferentes seguidores y seguidoras tienen distintos puntos de vistas de cómo descubrir la voluntad de Dios. Algunos creen que la voluntad de Dios debe ser recibida principalmente a través de una visión, sueño o voz audible de Dios. Otras creen que los detalles de la voluntad de Dios solo se pueden saber a través de las Escrituras, o de lo que nos enseña la Biblia. Otros creen que la pasión ya es suficiente evidencia para saber que algo es la voluntad de Dios y también otros seguidores y seguidoras creen que Dios revela Su voluntad, a través de todos estos medios.

Al investigar sobre este tema, todavía existe una duda: “¿Cómo puedo saber si la voluntad de Dios es realmente de Él y no de mi propio pensamiento, interpretación o emoción? ¿Cómo puedo estar más seguro o segura?”.

Lo escrito por el Apóstol Pablo, nos muestra los requisitos que nos ayudarán a encontrar la voluntad de Dios con más certeza. El texto de acuerdo a la Nueva Biblia de las América dice: “Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto”.

Este texto bíblico nos muestra a lo mínimo tres cosas:

1°.  Saber la voluntad de Dios principalmente viene a través del discernimiento. Si no hay discernimiento, no estamos pasando por un proceso bíblico para saber la voluntad de Dios. Si alguien nos dice, “Dios me habló y me dice que debo hacer esto”, y lo aceptamos sin ningún discernimiento, o confirmación, ya estaríamos desviándonos de lo que manda la Palabra de Dios.

2°. Si estamos intentando de discernir, pero todavía tenemos deseos, preferencias, metas y valores similares a los del mundo secular, está garantizado que nuestros discernimientos no serán correctos. El estándar del mundo sobre lo que es bueno, aceptable y perfecto no tiene relación a lo que es bueno, aceptable y perfecto para Dios. La 1ª. Carta del Apóstol Juan Capítulo 2, nos enseña lo siguiente: “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la carne, la pasión de los ojos y la arrogancia de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”.

3°.  Si estamos intentando de discernir, pero todavía no hemos tomado el tiempo para saber y reformar nuestra mente de acuerdo con los deseos, las preferencias, las metas y los valores de Dios revelados en la Biblia, no podremos discernir lo que es la voluntad de Dios. En palabras simples, si no conocemos a Dios, no sabremos qué es lo que Él quiere. Es imposible agradar a una persona si no sabes nada de esa persona.

Pero ¿por qué discernir? La necesidad del discernimiento, es decir, la necesidad de medir nuestras opciones para saber la voluntad de Dios, muestra que la voluntad de Dios no se trata de una lista de deberes. En otras palabras, la voluntad de Dios no se trata solamente de descubrir la única opción correcta sino también la opción superior en medio de varias opciones, donde dos o más de ellas pueden estar de acuerdo con Su voluntad.

Además, como un esposo que va a buscar un regalo para su esposa que le agradaría más en vez de la misma rosa que siempre fue suficiente para hacerla feliz, hay un amor más profundo detrás de un esfuerzo para medir las opciones y escoger la mejor alternativa, teniendo en cuenta lo que nosotros conocemos sobre Dios y lo que le agrada. El hecho de que tienes que “discernir” en vez de simplemente “recibir” la voluntad de Dios, muestra que hay un involucramiento de un conocimiento relacional de amor y fidelidad hacia Dios.

Para concluir decimos que, para poder discernir si lo que hemos recibido, pensamos o sentimos que es la voluntad de Dios, primero debemos ver si nuestro estilo de vida y percepción del mundo, están de acuerdo con lo que conocemos de Dios a través de la Biblia. Porque estas son evidencias de lo que realmente sentimos y conocemos de Dios. Cuando llegamos a conocer mejor a Dios, podremos discernir con mayor certeza, Su buena, aceptable y perfecta voluntad en todos los detalles de nuestra vida.

 


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