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En el Evangelio de Lucas capítulo 5, tenemos el siguiente relato sobre “La pesca Milagrosa”: “Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud.

Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; más en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía.

Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él… Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron”.

Debemos reconocer que la vida en sí, es compleja. Generalmente se torna más complicada para algunas personas. En ocasiones llegamos a pensar que la vida es injusta, por eso es que regularmente nos esforzamos por ser personas honestas, rectas, compasivas y humanitarias. Sobre todo, quienes nos consideramos cristianos o cristianas. Las cuales motivadas por el Espíritu de Dios, buscamos hacer el bien. Sin embargo, la vida nos golpea fuerte con enfermedades, pobreza, problemas familiares, etc. Pero aun así, damos un paso de fe, haciendo lo que Dios nos pide que hagamos.

En este relato del Evangelio de Lucas, nos damos cuenta que Simón tuvo un día de trabajo malo, en donde no habían podido pescar nada, después de mucho trabajar toda la noche. Simón Pedro, desanimado y cansado se da por vencido. No pescar nada, era equivalente a no llevar el sustento para su familia.

A pesar de esa situación, mientras lavaban sus redes a la orilla de la playa. Jesús de acerca a ellos y les solicita y ruega, que alejaran un poco de la playa la barca, porque quería enseñarles al gentío que se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. Según los “entendidos en audio”, señalan que: “En el agua, los sonidos se propagan con mayor rapidez y menor pérdida de energía que en el aire; las ondas sonoras se transmiten en el mar a una velocidad entre 1.400 y 1.600 metros por segundo, mientras que en la atmósfera la velocidad de propagación es de 340 metros por segundo”. Jesús quería llegar con su palabra, a todas aquellas personas que querían escucharle.

Simón responde con una acción que muestra una siembra, hace que su barca se aleje un poco de la playa, para que el mensaje de Jesús llegue a todas y todos los que estaban a orillas del mar de Galilea.

Después que Jesús termina su enseñanza, viene el desafío y la cosecha para Simón Pedro. Jesús le dice, “Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”. Este pescador sabiendo que todo el esfuerzo hecho anteriormente no había dado frutos, obedece por fe a Jesús la instrucción que se le da, “Confiando en tu palabra echaré las redes”. Para Simón Pedro la presión de la vida le generó cansancio y desgaste, pero su fe, permitió que Jesús actuara regalándoles una pesca abundante.

Estimadas y estimados lectores, la fe en momentos de angustia es la llave para que Jesús pueda regalarnos amor, paz y tranquilidad. La fe es el ingrediente principal de la vida cristiana, es la motivación del día a día unida a Dios para seguir caminando ante situaciones de dolor, intranquilidad e incertidumbre.

Te invito a que seamos como Simón Pedro, que a pesar de su cansancio por haber estado toda la noche pescando o por la desilusión de no haber logrado ni un pez, sin embargo, existe una mano poderosa que nos sostiene, que nos protege y que nos ayuda, una mano que no defrauda, que socorre y no abandona. Esa es la mano de Dios.


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Por Diario Cóndores del Baker

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