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El dolor es una señal del sistema nervioso de que algo no anda bien. Es una sensación desagradable, como un pinchazo, hormigueo, picadura, ardor o molestia. El dolor puede ser agudo, intermitente o ser constante.

Según la Organización Mundial de la Salud dice que: El dolor es la causa más frecuente de consulta médica. La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor definió el dolor como «una experiencia sensitiva y emocional desagradable, asociada a una lesión tisular, es decir, tipo de lesión o lastimadura que sufre la piel en forma real o potencial».

Quien escribe esta reflexión, hace dos semanas fue operado de la Próstata, por tener un cáncer encapsulado, en ese sector del cuerpo. Ha sido una experiencia dolorosa, nunca antes vivida y sobre todo en la etapa de recuperación donde su cuerpo tiene la herida como resultado de la operación y también por la sonda que viene desde el interior, es decir, de la Vejiga y en forma interna por la Uretra, conducto por el que se expulsa al exterior la orina contenida en la vejiga.

Al investigar en Google sobre el dolor, me encontré con un artículo que describía la experiencia de un joven de 23 años que se llama Stefan Betz. Este joven tiene una condición médica muy extraña y super rara llamada, insensibilidad congénita al dolor. Esta condición es tan rara que solo unos pocos cientos de personas en la población mundial la tienen.

¿Qué es la insensibilidad congénita al dolor? Es una condición médica que no permite ningún dolor físico. Quien tiene esta condición puede quemarse la mano o pasar por una cirugía extensa sin anestesia y no sentir dolor ni molestias de ningún tipo.

Cuando leí este artículo, mi primer pensamiento fue: “qué bendición tiene este joven”. A lo mejor tú piensas lo mismo. El dolor es miseria. Tememos a la muerte por lo doloroso que sería. El dolor trae sentimientos de inseguridad, preocupación y miedo. ¡Qué maravilloso sería no sentir dolor!

Sin embargo, casi todos los que tienen esta condición de insensibilidad congénita al dolor piensan que su condición es una maldición. El joven Stefan dice lo siguiente: “La gente supone que no sentir dolor es algo increíble y que le hace ser super humano, pero para las personas con mi condición, es exactamente lo contrario. Nos encantaría saber qué significa el dolor y cómo se siente el dolor. Sin el dolor, la vida se llena de desafíos”.

Un dato muy sorprendente con respecto a este tipo de personas es que, la mayoría de ellas no llegan a los 30 años, porque terminan lastimándose fatalmente.

Aunque no específicamente indicado en la Biblia, sabemos médicamente que el dolor es un regalo. Sin ello no sabríamos cuándo necesitamos atención médica. De hecho, la ausencia de dolor es uno de los problemas asociados con la lepra. Los niños nunca aprenderían que tocar una estufa caliente es una mala idea, ni podríamos ser alertados a una condición médica peligrosa sin el dolor asociado con ella.

Desde la perspectiva de la Palabra de Dios, la Biblia encontramos que uno de los beneficios del dolor es expresado por  la Carta del Apóstol Santiago, capítulo 1: «Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna”. Según lo que se nos enseña aquí, es que cuando soportamos pruebas dolorosas, podemos tener gozo al saber que Dios obra para producir en nosotros paciencia y el carácter de Jesucristo. Esto se aplica al dolor mental, emocional y espiritual, así como al dolor físico.

El dolor también nos proporciona una oportunidad de experimentar la gracia de Dios. Consideremos lo que dice el Apóstol Pablo en su 2ª. Carta a Los Corintios, capítulo 12: «Y (Dios) me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”. Pablo habla aquí de un «aguijón en su carne» que le preocupaba. No sabemos lo que era, pero parecía haber sido doloroso para Pablo. Él reconoció que la gracia de Dios se le había dado para que él pudiera soportarlo. Dios dará a  sus discípulos y seguidores la gracia necesaria para soportar el dolor.

Para finalizar puedo decir que Dios  usa nuestros dolores y sufrimientos para bendecirnos, sanarnos, renovarnos, restaurarnos y madurarnos.


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Por Diario Cóndores del Baker

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