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En el primer libro de la Biblia, Génesis capítulo 2 y 3 encontramos el siguiente relato: “Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara, y le dio este mandato: «Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás»… La serpiente era más astuta que todos los animales del campo que Dios el Señor había hecho, así que le preguntó a la mujer: ¿Es verdad que Dios les dijo que no comieran de ningún árbol del jardín? Podemos comer del fruto de todos los árboles —respondió la mujer—. Pero, en cuanto al fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: “No coman de ese árbol, ni lo toquen; de lo contrario, morirán”. Pero la serpiente le dijo a la mujer: ¡No es cierto, no van a morir! Dios sabe muy bien que, cuando coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y llegarán a ser como Dios, conocedores del bien y del mal. La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto y era deseable para adquirir sabiduría, así que tomó de su fruto y comió. Luego le dio a su esposo, y también él comió. En ese momento se les abrieron los ojos, y tomaron conciencia de su desnudez. Por eso, para cubrirse entretejieron hojas de higuera. Cuando el día comenzó a refrescar, el hombre y la mujer oyeron que Dios el Señor andaba recorriendo el jardín; entonces corrieron a esconderse entre los árboles, para que Dios no los viera. Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo: ¿Dónde estás? El hombre contestó: Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí. ¿Y quién te ha dicho que estás desnudo? le preguntó Dios. ¿Acaso has comido del fruto del árbol que yo te prohibí comer? Él respondió: La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí. Entonces Dios el Señor le preguntó a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? La serpiente me engañó, y comí contestó ella.

Según el diccionario nos dice que “tentación” es: Impulso de hacer o tomar algo atrayente pero que puede resultar inconveniente. También se nos dice que es: Persona, cosa o situación que atraen de forma irresistible.

La tentación es el deseo de realizar una acción inmediatamente agradable pero probablemente dañina a largo plazo, ya sea por razones psicológicas o de conciencia y para quienes somos cristianos, por temor a Dios.

La palabra tentación viene del latín temptatio-onis que es la instigación o estímulo espontáneo que induce el deseo de algo, especialmente una cosa mala o que no es conveniente; y del griego “Perazo”, que significa probar, examinar, escudriñar, probar con el propósito de encontrar algo negativo o comprobar algo a la verdad de la Palabra de Dios.

La tentación tiene un propósito esencial en nuestras vidas: nos muestra lo que somos y como estamos, y tiene una participación determinante en lo que seremos en el futuro. Su función es siempre desafiar la obediencia a las normas o provocar una posición y acción que anule la conciencia.

¿Debe el hijo desobedecer a sus padres y cometer un acto de irresponsabilidad? Esta situación podría psicológicamente ocasionar que la próxima vez sea más fácil de repetir, porque disminuirá la acción de la conciencia. El cómo enfrentamos la tentación afecta cada área de nuestra experiencia personal. La tentación es una palabra que ha sido mal entendida, se piensa que es algo que debe evitarse a toda costa, que es peligrosa y que causará dolor o problemas.

La tentación esta designada para llevar afuera lo que realmente hay en nuestra mente o corazón. La tentación en si no es buena ni mala. Lo que hace ésta, simplemente pone a prueba y examina lo que hay en nuestro interior, es decir, según la Biblia, lo que hay en nuestro corazón. Esto revela lo que realmente somos.

En la carta del apóstol Santiago capítulo 1 encontramos lo siguiente: “Cuando ustedes sean tentados a hacer lo malo, no le echen la culpa a Dios, porque él no puede ser tentado, ni tienta a nadie a hacer lo malo. Al contrario, cuando somos tentados, son nuestros propios deseos los que nos arrastran y dominan. Los malos deseos nos llevan a pecar; y cuando vivimos sólo para hacer lo malo, lo único que nos espera es la muerte eterna”.

Al concluir les comparto lo que dice el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios, capítulo 10:“Ustedes no han pasado por ninguna tentación que otros no hayan tenido. Y pueden confiar en Dios, pues él no va a permitir que sufran más tentaciones de las que pueden soportar. Además, cuando vengan las tentaciones, Dios mismo les mostrará cómo vencerlas, y así podrán resistir”.


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By Diario Cóndores del Baker

Empresa productora de medios y radiodifusión