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El hábito es cualquier comportamiento aprendido que no  es innato, ya que no nacemos con ello, sino que es una conducta  que se logra mediante la repetición y que se realiza de manera habitual y automática, sin pensarlo.

Según quienes han investigado sobre este tema, señalan que los hábitos sean buenos o malos, se crean porque el cerebro siempre busca la forma de ahorrar esfuerzo, por lo que intenta modificar cualquier rutina en un hábito para ahorrar tiempo y energía.

Cuando nos acercamos a Dios y a su Palabra, nos damos cuenta que en nuestra vida, no solamente hay hábitos buenos, sino que también los hay malos.

De acuerdo a la perspectiva bíblica, se pueden modificar aquellos malos hábitos porque nuestra vida va siendo transformada por medio de la relación que tenemos con Dios.

En la segunda carta del apóstol Pablo a los Corintios dice: “Ahora que estamos unidos a Cristo, somos una nueva creación. Dios ya no tiene en cuenta nuestra antigua manera de vivir, sino que nos ha hecho comenzar una vida nueva. Y todo esto viene de Dios. Antes éramos sus enemigos, pero ahora, por medio de Cristo, hemos llegado a ser sus amigos, y nos ha encargado que anunciemos a todo el mundo esta buena noticia: Por medio de Cristo, Dios perdona los pecados y hace las paces con todos”. 

Toda persona que inicia una relación con Dios, se dará cuenta que su vida está siendo transformada por la renovación de su mente. “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.  Romanos capítulo 12.

Esto implica el intercambio de viejos hábitos (malos) por nuevos hábitos (buenos), a fin de agradar al Señor.

En la carta a Colosenses capítulo 3 dice: “Ustedes mismos se comportaban así antes de conocer a Cristo. Pero ahora tienen que dejar también todo esto: no se enojen, no busquen hacer el mal a otros, no ofendan a Dios ni insulten a sus semejantes, ni se mientan unos a otros, porque ustedes ya han dejado la vida de pecado y ahora viven de manera diferente. En realidad, ustedes son personas nuevas, que cada vez se parecen más a Dios, su creador, y cada vez lo conocen mejor”. Aquí la Palabra de Dios nos da a entender que debemos cultivar el hábito de ser razonables en todas las cosas. Esto puede requerir nuevos hábitos para algunos. Debemos  dejar de lado nuestra vieja forma de ser o vivir, ya que tenemos una nueva naturaleza que se nos ha dado, cuando nacemos espiritualmente a la vida con Dios.

De acuerdo a los hábitos que hemos tenido por muchos años, esto no es algo fácil de hacer y la verdad es que generalmente, es imposible por nuestras propias fuerzas. Sin embargo la Biblia nos enseña en Filipenses capítulo 4 que: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece«. Es decir, “Cristo me da fuerzas para enfrentarme a toda clase de situaciones. Sin embargo, fue muy bueno de parte de ustedes ayudarme en mis dificultades”. (Biblia en Lenguaje Actual).

Para quienes estamos en una relación espiritual con Cristo Jesús, el formar nuevos hábitos siendo controlados por el Espíritu Santo, se convierte en una nueva forma de vida. Amarle es uno de los hábitos que Jesús describe: “…El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió”. Evangelio de Juan capítulo 14.

Para concluir destaco que: para cambiar hay que aprender a tomar decisiones, aceptar compromisos y aceptar la idea de que es mejor desprendernos de ciertos hábitos de nuestro diario vivir: “Y todo lo que hagan o digan, háganlo como verdaderos seguidores del Señor Jesucristo, y denle gracias a Dios el Padre por lo que Cristo ha hecho por ustedes”. Carta a los Colosenses, capítulo 3.


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