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Según los expertos dicen que en nuestro cerebro hay una enorme red de neuronas conectadas entre sí. Esas conexiones contienen gran cantidad de información que hemos ido acumulando a través de nuestra vida, en forma de recuerdos de nuestra propia experiencia personal, como así también, emociones que hemos vivido e información de cómo han funcionado las cosas en nuestra vida.

La red que une las neuronas, se hace más fuerte a medida que recordamos momentos de nuestra vida o bien,  se debilita hasta llegar a desaparecer, si apenas le damos uso. Es por eso que, nuestro nombre y ciertas características que sabemos de nosotros serán una de las redes fuertes; mientras que la situación  que causó nuestra caída en la calle por la escarcha, puede ser ya una red destruida. Esto, según los expertos es lo que definirá nuestra manera de pensar y de actuar.

El camino que unía la información de dos neuronas, al haber tenido poco uso, es muy probable que ya no exista. Es por eso que cuando una persona revive  con mucha nitidez ciertos traumas y las emociones asociadas como angustia y ansiedad, eso hará aún más fuerte el recuerdo.

En la Carta del Apóstol Pablo a los Efesios capítulo 4, nos instruye en lo siguiente: “Ahora les pido, de parte del Señor Jesús, que ya no vivan como los que no conocen a Dios, pues ellos viven de acuerdo con sus tontas ideas. Son gente ignorante y terca, que no entiende nada, y por eso no disfruta de la vida que Dios da. Han perdido la vergüenza, se han entregado totalmente a los vicios, y hacen toda clase de indecencias. ¡Pero esto no es lo que ustedes aprendieron acerca de Cristo! Porque ustedes oyeron el mensaje acerca de él, y saben vivir como él manda, siguiendo la verdad que él enseñó. Por eso, ya no vivan ni se conduzcan como antes, cuando los malos deseos dirigían su manera de vivir. Ustedes deben cambiar completamente su manera de pensar, y ser honestos y santos de verdad, como corresponde a personas que Dios ha vuelto a crear, para ser como él”.

El cambio estimada y estimado, requiere un nuevo pensamiento. Para cambiar, debemos aprender la verdad (la Biblia) y comenzar a tomar buenas decisiones, pero también debemos cambiar nuestra forma de pensar. La batalla por no fallarle a Dios, comienza en nuestra mente, y no en nuestro comportamiento. La manera en como pensamos,  produce la forma en como nos sentimos, y la forma en como nos sentimos, determina la forma de nuestras actuaciones.

Si quieres cambiar tu forma de actuar, debes iniciar el cambio en tu forma de pensar. Además, si quieres cambiar tus sentimientos, debes practicar el cambio en tu forma de pensar.

Para ir concluyendo esta reflexión, podemos resumir de la siguiente manera lo compartido: tú no eres lo que crees que eres. Más bien, lo que piensas, que eres. La batalla para lidiar con esos defectos en tu vida que no te gustan, comienzan en tu mente. Si quieres cambiar algo en tu comportamiento o algo en tus emociones, comienza con tus pensamientos y tu actitud.

La renovación de tu mente está relacionada con la palabra arrepentimiento. El arrepentimiento no tiene nada que ver con tu comportamiento. Se trata de aprender a pensar de manera diferente. “Arrepentirse” significa simplemente hacer un giro mental. Es algo que haces en tu mente, no con tu comportamiento. Cambiar la forma en que piensas afectará tus emociones y tu comportamiento.

Cuando me arrepiento, vuelvo de la culpa al perdón. Cambio el Infierno por el Cielo. Cambio de una vida sin propósito a una vida con propósito. Paso de no tener esperanza a una nueva esperanza. Paso de la frustración a la libertad. ¡Me vuelvo de la oscuridad a la luz!

“Por eso, ya no deben mentirse los unos a los otros. Todos nosotros somos miembros de un mismo cuerpo, así que digan siempre la verdad. Si se enojan, no permitan que eso los haga pecar. El enojo no debe durarles todo el día, ni deben darle al diablo oportunidad de tentarlos. Quien antes fue ladrón, debe dejar de robar, y ahora trabajar bien y con sus propias manos. Así tendrá dinero para ayudar a las personas necesitadas. No digan malas palabras. Al contrario, digan siempre cosas buenas, que ayuden a los demás a crecer espiritualmente, pues eso es muy necesario. No hagan que se ponga triste el Espíritu Santo de Dios, que es como un sello de identidad que Dios puso en ustedes, para reconocerlos cuando llegue el día en que para siempre serán liberados del pecado. Dejen de estar tristes y enojados. No griten ni insulten a los demás. Dejen de hacer el mal. Por el contrario, sean buenos y compasivos los unos con los otros, y perdónense, así como Dios los perdonó a ustedes por medio de Cristo”.   Efesios capítulo 4, versículo 25 al 31.


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