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Todas las personas tenemos la necesidad de un reconocimiento que sea beneficioso, lo cual es esencial para nuestra autoestima. En nuestro entorno, lo más probable que conozcamos a una o varias personas que buscan siempre el reconocimiento de los demás.

Estas personas esperan que se valoren sus acciones, sus palabras, sus comportamientos, sus actitudes e incluso, alguna de ellas  consideran relevante su aspecto su físico. Cuando estas necesidades se vuelven casi insistentes, estaríamos descubriendo a una persona que necesita de un reconocimiento poco saludable, es decir, una persona que busca en el exterior lo que no encuentra en su interior.

En el evangelio de Mateo capítulo 20, nos encontramos con un relato sobre dos discípulos que por medio de su madre, dan a conocer su deseo de estar con Jesús en un lugar preeminente:

La madre de Santiago y Juan, que eran dos de los discípulos, fue con ellos a hablar con Jesús. Cuando llegaron, ella se arrodilló delante de Jesús para pedirle un favor.

Jesús le preguntó: ¿Qué es lo que quieres? Ella le dijo: Por favor, ordena que, cuando estés sentado en el trono de tu reino, mis hijos se sienten siempre junto a ti, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.

Jesús respondió: Ustedes no saben lo que piden. ¿Están dispuestos a sufrir todo lo malo que va a pasarme? Ellos le dijeron: Sí, lo estamos. Jesús les dijo: Les aseguro que ustedes sufrirán mucho, igual que yo. Pero sólo mi Padre decide quiénes serán los más importantes en mi reino. Eso no lo decido yo.

Cuando los otros diez discípulos se dieron cuenta de todo esto, se enojaron con Santiago y Juan. Entonces Jesús los llamó a todos y les dijo: «Ustedes saben que los que gobiernan a los pueblos se portan como sus amos, y que los grandes señores imponen su autoridad sobre esa gente. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, si alguno de ustedes quiere ser importante, tendrá que servir a los demás. Si alguno quiere ser el primero, deberá ser el esclavo de todos. Yo, el Hijo del hombre, lo hago así. No vine a este mundo para que me sirvan, sino para servir a los demás. Vine para dar mi vida por la salvación de muchos.»

En cualquier grupo de personas, generalmente se da la situación de una competencia por la posición. En el caso de los discípulos de Jesús ellos no fueron la excepción. Según el relato del evangelio de Mateo, incluso la madre de dos discípulos se vio involucrada. La mamá de Juan y Santiago, le pidió al Señor Jesús que les asignara a sus hijos los puestos de mayor liderazgo después de Él.

De acuerdo a esa situación, esto no fue muy bien recibido por los demás discípulos. Se enojaron con los dos hermanos y viendo esto Jesús,  aprovechó la ocasión para enseñarles la lección de que “si alguno quiere ser importante, tendrá que servir a los demás”. Él sabía que todos tenían conceptos errados acerca de lo que significa el liderazgo cristiano.

De acuerdo a los que nos enseña Jesús, los líderes cristianos no deben seguir los patrones de conducta del liderazgo natural de los grupos humanos, que siempre hacen énfasis en la autoridad, el poder y las ventajas de estar al mando.

El gobierno y liderazgo del evangelio es diferente. Desde la perspectiva de Dios, no es para el beneficio de los líderes, si no para el beneficio de los que están siendo liderados y dirigidos.

Para concluir, cito las palabras finales de Jesús que nos enseña que: “Si alguno quiere ser el primero, deberá ser el esclavo de todos. Yo, el Hijo del hombre, lo hago así. No vine a este mundo para que me sirvan, sino para servir a los demás. Vine para dar mi vida por la salvación de muchos”.


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By Diario Cóndores del Baker

Empresa productora de medios y radiodifusión