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Por medio de la Biblia, hemos aprendido que: “todo lo que hemos realizado en nuestra vida, sea bueno o malo, producirá un resultado acorde a las semillas que hemos sembrado”. Nuestras acciones son iguales que sembrar y la cosecha será igual a los resultados que tendremos, de aquello que hicimos.

En la carta del Apóstol Pablo a los Gálatas capítulo 6, dice: “El que es instruido en el mensaje de Dios debe compartir con su maestro todo lo bueno que recibe. No crean ustedes que pueden engañar a Dios. Cada uno cosechará lo que haya sembrado. Si seguimos nuestros malos deseos, moriremos para siempre; pero si obedecemos al Espíritu, tendremos vida eterna. Así que no nos cansemos de hacer el bien porque, si seguimos haciéndolo, Dios nos premiará a su debido tiempo.  Siempre que nos sea posible, hagamos el bien a todos, pero especialmente a los seguidores de Cristo”.

De acuerdo a los que nos enseña la Biblia, Hay principios básicos que rigen la ley de la siembra y la cosecha. Las mismas leyes que rigen la siembra y la cosecha en el mundo natural son las que se cumplen en el área espiritual.

  • Para cosechar, la semilla debe ser plantada.

Es un principio básico que para cosechar, debemos sembrar primero.  Este proceso tiene un orden lógico tanto en lo natural, es decir, cuando alguien siembra semillas en un campo, como así  también en lo espiritual o en nuestra manera de vivir.  Nadie puede pretender tener una cosecha, sin haber sembrado antes.  Esto nos parece lógico y claro, pero muchas veces nos  sorprende la cantidad de personas que esperan obtener cosechas sin haber sembrado. Si no hemos hecho nada en favor de alguien, no debemos esperar recibir un favor porque ¡Nunca vamos a cosechar una semilla que tenemos guardada!

  • Sembraremos semillas, de acuerdo a la especie que queremos cosechar,

Si una agricultora o agricultor siembra semillas de manzanas, entonces va a crecer un árbol de manzanas, no de ciruelas.  Si sembramos odio, no cosecharemos amor, cosecharemos odio, porque así es la ley de la vida para nosotros, los seres humanos.

  • La Cosecha será proporcional a lo sembrado.

Mientras más sembramos, más cosecharemos. Si sembramos menos, habrá menos cosecha. En la Carta a los Corintios, capítulo 9 dice: “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará”.  

Debemos tener en cuenta que el tiempo de la cosecha es diferente al de la siembra.  Los resultados toman tiempo.  No podemos esperar que por sembrar hoy o, hace unos días atrás, en la semana siguiente o a los pocos días, ya tengamos nuestra cosecha.  Cuando se siembra la tierra, la cosecha se obtiene meses después.  De la misma manera ocurre con nuestras acciones.

  • El resultado de la ley de la siembra y la cosecha es multiplicativo.

El resultado multiplicativo de la cosecha, está basado en el hecho de que una persona siembra una semilla, pero como cosecha no se obtendrá otra semilla, sino que el resultado será un árbol o una planta que tiene muchos frutos y también muchas semillas dentro de esos frutos.  En la esfera natural, para una persona que ha sembrado esto es muy lógico. Sin embargo, muchas personas olvidan que en lo espiritual, también  sucederá lo mismo.   La ley de la siembra y la cosecha, también es una ley espiritual, así que estará presente en todo lo que hagamos.

Para concluir cito una vez más lo que dice el apóstol Pablo a los Corintios, capítulo 9: Acuérdense de esto: «El que da poco, recibe poco; el que da mucho, recibe mucho.»  Cada uno debe dar según crea que deba hacerlo. No tenemos que dar con tristeza ni por obligación. ¡Dios ama al que da con alegría!  Dios puede darles muchas cosas, a fin de que tengan todo lo necesario, y aun les sobre. Así podrán hacer algo en favor de otros.  Como dice la Biblia, refiriéndose al que es generoso: «Siempre que ayuda a los pobres, lo hace con generosidad;
y en todo sale triunfante.»  Dios da la semilla que se siembra y el pan que nos alimenta, así que también les dará a ustedes todo lo necesario, y hará que tengan cada vez más, para que puedan ayudar a otros.


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