Comparte nuestro contenido

Por ser un hombre relacionado con la radio desde muy joven, comencé a recordar cómo era en esos tiempos de juventud, la Semana Santa.  En la década de los 80 y 90, todas las radioemisoras suspendían su programación habitual. En su parrilla programática y en la “puesta al aire”, una música especial, generalmente clásica, instrumental y religiosa.

Esto motivó a jóvenes cristianos a hacer programas de radio en días de Semana Santa. Recuerdo de manera especial el viernes de Semana Santa del año 1992, donde un grupo de jóvenes de diferentes iglesias hicieron una transmisión especial durante todo ese día, con una programación cristiana a través de Radio Patagonia Chilena.

El domingo recién pasado, hubo personas que celebraron y recordaron la entrada de Jesús en Jerusalén. El Mesías, el esperado, el prometido por los profetas según la Biblia. Y con esto se dio inicio a la Semana Santa que culminará con la Fiesta más importante del cristianismo, el domingo de Resurrección y la fiesta de la Pascua. Esto último, será especial para los niños, porque tendrán que salir a ubicar, donde los conejitos dejaron sus huevos.

En mi mente, todavía tengo el recuerdo de la semana santa de niño, sobre todo el día viernes, cuando no se podía reír ni hablar en voz alta, menos trabajar o martillar un clavo. Y algo muy especial en esa época, el infaltable pescado para el almuerzo.

Eso era antes, cuando Jesús y su sacrificio en la cruz, estaban vivos en la memoria de toda la comunidad. En estos años del siglo 21, pareciera que Jesús y su Pasión, pasó al olvido. Porque la Semana Santa se ha convertido en oferta de viajes, paseos y unas pequeñas vacaciones.

Revisemos y leamos lo que nos dice la Biblia sobre lo que ocurrió en los tiempos cuando Jesús estaba con sus discípulos, según el Evangelio de Mateo, capítulo 26:

“Cuando Jesús terminó de enseñar, dijo a sus discípulos: «Ustedes saben que dentro de dos días va a celebrarse la fiesta de la Pascua. Durante la fiesta, yo, el Hijo del hombre, seré apresado y moriré clavado en una cruz.» En esos días, los sacerdotes principales y los líderes del país se reunieron en el palacio de Caifás, que era jefe de los sacerdotes. Todos ellos se pusieron de acuerdo para ponerle una trampa a Jesús, apresarlo y matarlo. Pero algunos decían: «No hay que hacerlo durante la fiesta, para que la gente no se enoje contra nosotros ni se arme un gran alboroto.»

Ese mismo día, Judas Iscariote, que era uno de los doce discípulos de Jesús, fue a ver a los sacerdotes principales y les dijo: «¿Cuánto me pagan si los ayudo a atrapar a Jesús?» Ellos le ofrecieron treinta monedas de plata. Y desde ese momento, Judas buscó una buena oportunidad para entregarles a Jesús.

El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: ¿Dónde quieres que preparemos la cena de la Pascua? Jesús les respondió: Vayan a la ciudad, busquen al amigo que ustedes ya conocen, y denle este mensaje: “El Maestro dice: yo sé que pronto moriré; por eso quiero celebrar la Pascua en tu casa, con mis discípulos.”

Los discípulos fueron y prepararon todo, tal y como Jesús les mandó. Al anochecer, mientras Jesús y sus discípulos comían, él les dijo: Uno de ustedes me va a entregar a mis enemigos. Los discípulos se pusieron muy tristes, y cada uno de ellos le dijo: Señor, no estarás acusándome a mí, ¿verdad? Jesús respondió: El que ha mojado su pan en el mismo plato en que yo estoy comiendo, es el que va a traicionarme. La Biblia dice claramente que yo, el Hijo del hombre, tengo que morir. Sin embargo, al que me traiciona va a pasarle algo muy terrible. ¡Más le valdría no haber nacido! Judas, el que después entregó a Jesús, también le preguntó: Maestro, ¿hablas de mí? Jesús le contestó: Tú lo has dicho.

Mientras estaban comiendo, Jesús tomó un pan y dio gracias a Dios. Luego lo partió, lo dio a sus discípulos y les dijo: «Tomen y coman; esto es mi cuerpo.» Después tomó una copa llena de vino y dio gracias a Dios. Luego la pasó a sus discípulos y les dijo: «Beban todos ustedes de este vino. Esto es mi sangre, y con ella Dios hace un trato con todos ustedes. Esa sangre servirá para perdonar los pecados de mucha gente. Ésta es la última vez que bebo de este vino con ustedes. Pero cuando estemos juntos otra vez, en el reino de mi Padre, entonces beberemos del vino nuevo. »Después de eso, cantaron un himno y se fueron al Monte de los Olivos”.


Comparte nuestro contenido