Comparte nuestro contenido

En el libro de Proverbios capítulo 17, la Biblia dice: “El que ahorra sus palabras tiene sabiduría; De espíritu prudente es el hombre entendido. Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; El que cierra sus labios es entendido.

Esta misma porción de la Biblia en lenguaje actual nos dice: “Hablar poco es de sabios; la gente inteligente mantiene la calma. Hasta el tonto pasa por sabio si se calla y mantiene la calma”.

En ocasiones nos ocurre que, después de hablar algo, pensamos: «no debería haber dicho eso». O también nos suele ocurrir lo contrario: «tendría que haber dicho algo». A veces, es difícil tomar la decisión correcta. Cuando no somos prudentes, la cuestión de cuando hablar y cuando callar puede resultar complicada y difícil.

Por tal razón, la Biblia nos da muchos consejos tanto para hablar como para callar. En Proverbios capítulo 15 se nos dice lo siguiente: “Es muy bueno dar buenas respuestas, pero responder a tiempo es aún mejor”. Saber hablar a tiempo, en el momento oportuno, puede ser de gran ayuda y hacer mucho bien a la persona que nos escucha. Pero saber callar cuando la otra persona no está preparada para recibir un consejo o un reproche, es sabiduría que no tiene precio. En la carta del apóstol Santiago, capítulo 1 nos dice que: «Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse;  porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios«.

Es muy interesante saber que para poder conocer a alguien, debemos dejar que hable por algunos minutos. De esa manera sabremos lo que hay en su corazón. Muchos de nosotros somos muy rápidos para hablar y lentos para oír. Si se ha metido en problemas muchas veces, por hablar de más o fuera de tiempo, podrá entender lo que nos enseña la Biblia.

En el capítulo 10 de Proverbios la Biblia nos dice que: En las muchas palabras no falta pecado; Mas el que refrena sus labios es prudente.  Aquí la Palabra de Dios, también nos aconseja a medir nuestras palabras y aprender a decir lo que necesitamos hablar. Abrir mucho la boca, hablando de más, generalmente conduce a infortunios y problemas posteriores. Muchas veces nos traicionan los impulsos o los nervios, y decimos cosas “en caliente” que luego debemos arrepentirnos. Podemos evitar la calamidad en nuestras vidas, midiendo las palabras que salen de nuestros labios.

Les invito a que decidamos en este día, comenzar a ser una clase diferente de persona. Decidamos ser aquellas que miden lo que dicen y que saben cuándo deben hablar o cuándo callar. Esto parece difícil de lograr pero con la ayuda del Señor, más nuestra propia disciplina, podremos lograrlo.

Para concluir señalo que, tanto las palabras como los silencios, están relacionados con nuestros pensamientos, pero más profundamente con nuestro corazón. Cito finalmente lo que nos dice la Biblia en Proverbios capítulo 23: «Porque cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él. Come y bebe, te dirá; Mas su corazón no está contigo”.

Aquí la Biblia nos enseña que: Somos lo que pensamos. «Porque del corazón salen los malos pensamientos», y los buenos pensamientos, también. Interesante equilibrio tenemos en nuestro ser y no ciertamente, fácil entre hablar y callar. Por tal razón podría ser una norma prudente callar, generalmente, cuando los demás quieren hablar y, hablar cuando los otros desean escuchar.


Comparte nuestro contenido