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     Cuando miramos por el espejo retrovisor y le damos una mirada al plan especial de desarrollo para zonas extremas, PDZE, nos encontramos con varias sorpresas, una de ellas es que un gran porcentaje de los recursos que contenía este plan, fueron destinados a la ejecución de programas de diversos servicios públicos, por ende, se pagaron sueldos, consultoras y otros, no fueron dirigidos a grandes proyectos de impacto regional. Cualquiera hubiera pensado, por ejemplo, en lo impactante que hubiera sido para la comunidad regional invertir en la carretera estructurante entre Aysén y Coyhaique, donde transita diariamente la mayoría del transporte en la región, recordar que esta conectividad vial fue construida en el Chile pobre como argumentaba el exconsejero Eligio Montecinos.

     La estrategia regional de desarrollo, ERD, debiera darnos las directrices para utilizar las herramientas que se necesitan para elaborar las políticas públicas en la región, considerando nuestras particularidades en la planificación. Con la experiencia recopilada deducimos que no bastan los recursos para tener éxito en un plan de desarrollo, el que debiera ayudarnos a acortar las grandes desigualdades y mejorar la calidad vida de los ciudadanos que viven en las regiones más apartadas. Uno de los problemas que tienen las estrategias regionales de desarrollo y los mismos planes de zonas extremas, son los espacios interpretativos que dejan margen a visos de populismo en la distribución de los recursos, incertezas al momento del desarrollar la planificación de estas herramientas técnico-financieras. Raya para la suma, esto hace que solo se obtenga un éxito relativo.

     No podemos decir que el PDZE no nos ayudó al desarrollo de la región, pero tuvo luces y sombras y se nos acabó el tiempo quedando una baterías dé proyectos inconclusos y como todo plan tenía una desventaja, fecha de inicio y termino, si en ese espacio de tiempo no se logra ejecutar los proyectos, los recursos se pierden, como nos pasó con nuestro bullado plan de zonas extremas.

      Las miradas deberían estar puestas en avanzar “hacia políticas públicas para las zonas extremas”, que sean permanentes en el tiempo y que tengan una planificación dirigida a solucionar los problemas de fondo, con proyectos de desarrollo que se crucen con la Estrategia Regional de Desarrollo, que apunten a las debilidades estratégicas de la región de Aysén.

     Cuando el presidente Gabriel Boric habla de un PDZE 2.0 permanente, en su visita a la Ciudad de Punta Arenas, al parecer no entendía la diferencia entre un plan y una política pública, le pasa también a nuestros Diputados los que no han evaluado con detención el anuncio del mandatario y tampoco conocen en profundidad las vitales diferencias.

     Queda mucho paño que cortar, ojalá se instale el debate y puedan participar los consejeros regionales que tienen mucho que decir, los parlamentarios que son una pieza clave en la discusión, sumarles al ejecutivo regional y nuestro delegado presidencial, por supuesto los más relevantes en esta historia, los gobiernos locales.

Redacción: Carlos Campos Saigg


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