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Desde que llegamos a la vida, nos hemos tenido que enfrentar con desafíos. El primero de ellos fue, aprender a caminar. Después apareció el aprender a hablar. A los pocos años después, aprender a leer y así, hemos aprendido a vivir nuestra vida. Cada cierto tiempo, aparecen nuevos desafíos para cada uno de los seres humanos.

Desafío es la acción y efecto de desafiar, y esta palabra es un verbo que hace referencia a competir, retar o provocar a alguien. Un desafío puede ser, por lo tanto, una competencia donde una rivalidad queda de manifiesto.

Cuando una persona reta a otra y la invita a enfrentarse en una pelea, duelo o competencia, también se habla de desafío. Desafiar a otra persona puede fundarse en contrariar sus acciones o voluntad, generando un enfrentamiento.

En el evangelio de Lucas capítulo 9, encontramos el siguiente desafío de parte de Jesús: “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.  Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, este la salvará”.

Para quienes nos consideramos como seguidores o personas que por diferentes razones amamos a Jesús, hoy nos vemos enfrentados al desafío de que, “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.”

El desafío o reto que hace Jesús a quienes quieren seguirle, contiene tres elementos con los cuales se probará sí es verdad que somos sus seguidores:

1ª. Prueba: “niéguese a sí mismo”: En este primer reto de parte de Jesús, Él  nos invita a que antepongamos las necesidades de los demás a nuestras propias carencias, deseos o conveniencias. Entonces pongamos a otras personas delante nuestro, es decir, otros primeros después nosotros.

2ª. Prueba: “tome su cruz cada día”: En tiempos de Jesús, la cruz representa nada más que la muerte tortuosa. Debido a que los romanos forzaron a criminales condenados a llevar su propia cruz hasta el lugar de la crucifixión, llevar una cruz significaba llevar su instrumento propio de ejecución mientras se enfrentaba al ridículo en el camino a la muerte. Esto significa estar dispuesto a morir para seguir a Jesús. Tomar la cruz es sobrellevar sin quejas todo lo desagradable que nos sucede. Es un llamado a la entrega absoluta.

3ª. Prueba: “y sígame”: Seguir a Jesús es fácil cuando la vida se vive sin problemas, nuestro verdadero compromiso con Él se pone de manifiesto durante las pruebas o dificultades. Jesús nos aseguró que las dificultades y pruebas vendrán a sus seguidores. El seguir a Jesús exige sacrificio, y Él nunca ocultó ese costo.

Al concluir leamos juntos la parte final del capítulo 9 del evangelio de Lucas: “Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas. Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza.

Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre.  Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios.

Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”.

¿Qué haremos ante este desafío del Señor Jesús?  Si queremos ser discípulos o seguidores de Jesús, no debemos identificarnos solamente con asistir a una iglesia, cargar una Biblia o usar cierto tipo de lenguaje.


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