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Es probable que ustedes hayan escuchado la frase que dice: “esta persona es como el Padre Gatica, que predica pero no practica”. Relacionado con esto también podemos decir que, las maestras y maestros no deben enseñar una cosa y vivir otra.

Por eso que llama mucho la atención el relato del evangelio de Mateo capítulo 7, donde habla acerca de Jesús: Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas”. Al parecer los escribas eran parecidos al “Padre Gatica”.  

Estimadas y estimados, enseñar con autoridad es descubrir el sentido de la vida y no sólo encontrar soluciones a los problemas. Enseñar es orientar a las personas para que sean protagonistas responsables y exigentes de su propia vida. Jesús tenía esa cualidad. Enseña y el pueblo se asombra y siente que algo diferente y nuevo ha llegado a su entorno. También debemos saber que, la credibilidad y la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, sigue siendo igualmente imprescindible para tener autoridad.

De esto podemos sacar la siguiente enseñanza: “para tener autoridad, tenemos que vivir lo que decimos.”

De nada vale que enseñemos a nuestros hijos cuando son pequeños, que para cruzar la calle tienen que esperar hasta que los semáforos estén en verde, si luego nos ven a nosotros cruzarlos cuando están en rojo. Lo mismo ocurre con la autoridad de un profesor en una clase o de un jefe en una empresa. Si no hay coherencia entre palabras y obras, profesor y jefe no resultarán creíbles; de tal manera que podrán tener poder – el poder que les otorga su cargo – pero nunca tendrán autoridad. Porque la autoridad hay que ganársela; no viene “junto” con la posición.

Esto mismo ocurre con quienes asistimos a una iglesia. En la Iglesia, tanto los fieles como los líderes y pastores han recibido de Jesús la misión de enseñar la Buenas Nuevas con autoridad y esto, está intrínsecamente unido a lo que enseñamos con nuestra propia vida. Nuestra vida personal, familiar y laboral, debe ser una continua, transparente y coherente enseñanza. Autoridad es hacer crecer en las personas lo bueno y lo verdadero que Dios ha dado a cada persona.

Por eso es importante también considerar lo siguiente: hay muchas personas que no son maestros y/o maestras, sino mercenarios o mercenarias. Es decir, que luchan a cambio de dinero o de un favor, sin motivaciones ideológicas. Que realizan cualquier clase de trabajo por una retribución, generalmente económica, o que trabajan con el único interés de ganar dinero. Por eso que enseñan lo que está de moda, dicen lo que queda bien, porque hoy muchos tienen miedo a aparecer como verdaderos cristianos. Porque no quieren ser confrontados con la verdad de la Biblia. Hay como un afán de éxito y gloria, decir lo que conviene.

Leí la siguiente anécdota de una persona que participo en una reunión de gente importante, donde su amigo se lució con lo que dijo: ocurrió que al volver de la reunión donde expuso unas ideas que me parecieron vacías, pensé que las había dicho para quedar bien, para gustarle a los participantes de la reunión, por lo cual le pregunté: “de todo esto, ¿tú en realidad qué piensas?” y él me contestó, tranquilo: “yo ya no sé lo que pienso”, sabía lo que convenía decir en esa reunión, no sabía lo que era verdad.

Por eso estimadas y estimados, tenemos que ser verdaderos y honestos. La vanidad, la comodidad y la ambición, seducen y muchos pierden la cabeza… Hay un cinismo de pensar lo que está de moda, “vender” lo que conviene.

Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas”. Evangelio de Mateo, capítulo 7. 


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