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Desde niño hemos escuchado muchas historias que  a esa edad, pensábamos que eran hechos reales. Por ejemplo, la de “un hombre gordo y alegre que vivía en el Polo Norte y voló alrededor del mundo con renos, bajando por las chimeneas de las casas, para dar regalos a los niños buenos el día de Navidad”. También hemos escuchado sobre sobre el conejo de Pascua que hizo entrega de los huevos y chocolates a los mismos niños buenos en el tiempo de Pascua, es decir, el fin de semana recién pasado.

Cuando ya somos adolescentes y jóvenes  nos damos cuenta de que estas historias eran lindas, pero no eran verdad. Eran fantasías, como las novelas.

Otras historias que escuché y también he leído, están relacionadas con las fiestas religiosas. En una de ellas, escuchaba el relato de que en una ocasión había pastores viendo ángeles. En otro lugar, iban reyes magos siguiendo estrellas y, un bebé nacido en un pesebre. Estas historias han formado la base de celebración de la Navidad. Una de las historias que más impacto causó, fue aquella que escuché y leí, de cómo Jesús murió en una cruz, pero tres días más tarde regresó a la vida, es decir, resucitó. Estas historias forman la base de la Pascua, la cual hemos celebrado y recordado la semana recién pasada.

Estas últimas historias parecen tan fantásticas, como las primeras. La pregunta que nos hacemos cuando ya somos grandes o adultos ¿Será que este segundo grupo de historias son realmente ciertas?

Después de todo, todas estas historias se entrelazan con las fiestas cristianas. Ambos grupos de historias nos causan asombro y todas ellas son increíbles. Esto es especialmente cierto en la historia de la Pascua, que afirma que tres días después de su muerte, Jesús resucitó físicamente. Esta es probablemente la historia más audaz de todo el cristianismo. Si hubiera ocurrido en tiempos actuales, lo más probable que la prensa hubiera registrado como la noticia impactante y con un título sensacionalista, “Hombre Muerto Vuelve a la Vida”. Muchos se preguntarían, ¿Será verdad? ¿O será creíble? ¿Habrá alguna prueba razonable para comprobar si esto es verdad?

La mejor manera de responder esta pregunta es pensar en todas las alternativas posibles y ver cuál tiene más sentido. El hecho de que Jesús vivió y murió una muerte pública que ha alterado el curso de la historia es cierto. Uno no necesita ni siquiera ir a la Biblia para su verificación. Hay varias referencias a Jesús y el impacto que causó en aquella época y también, en la historia.

El gobernador historiador romano Tácito hizo una referencia interesante a Jesús al describir cómo Nerón martirizó cristianos en el siglo primero, año 65 DC. Los cuales fueron como chivos expiatorios, de la quema de Roma. A continuación lo que dejo escrito: “Nerón… castigó con las penas más refinadas a unos a quienes el vulgo odiaba por sus maldades y llamaba cristianos. El que les daba este nombre, Cristo, había sido condenado a muerte durante el imperio de Tiberio por el procurador Poncio Pilato. Esta funesta superstición, reprimida por el momento, volvía a extenderse no sólo por Judea, lugar de origen del mal, sino también por la ciudad de Roma” (Tácito. Anales XV. Página 44).

Lo interesante de esta afirmación es que Tácito corrobora que Jesús fue: Una persona histórica; Ejecutado por Poncio Pilato y,  en el año 65 DC (tiempo de Nerón ), la fe cristiana se había extendido por todo el Mediterráneo desde Judea a Roma con una intensidad tal que el emperador de Roma sentía que tenía que tratar con él.

Para concluir, les comparto lo que dice la Biblia en el libro de Los Hechos de los Apóstoles, capítulo 4: “Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos,  resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos. Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde. Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil. Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas, y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes; y poniéndoles en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto? Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera este haya sido sanado, sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra. Entonces les ordenaron que saliesen del concilio; y conferenciaban entre sí, diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres? Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar”.


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