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Nos encontramos ya en la parte final del año 2021, donde generalmente en estos días por algún motivo u otro, soñamos y nos planteamos muchos objetivos y metas a cumplir para este nuevo año.

Para muchas personas la respuesta a estos objetivos y metas a cumplir es difícil de contestar por lo que vivimos en el año 2021 y la incertidumbre de lo que vendrá en el año 2022. Todo se ha juntado, el impacto negativo del Covid-19, disturbios sociales, un tiempo de política diferente, pérdidas de empleo, cierres de empresas, amigos que han experimentado hospitalizaciones por Covid-19, muertes inesperadas de personas conocidas, familias con problemas financieros, en fin, todo eso ha traído desesperanza en el mundo. Pero en medio de tantos desafíos y tragedias que está causando esta pandemia, pudimos a ver una luz al final del túnel y se pudo tener un poco de paz porque la vacuna contra el Covid-19 ya se hizo una realidad.

Sin embargo, otra preocupación que hay en este momento es que se ha encontrado una nueva variante del coronavirus (ÓMICRON) que no sabemos con certeza lo letal que pueda ser; y si va a alterar o no la efectividad de la vacuna.

Ante toda esta incertidumbre, hay una buena noticia. Dios nos ha preparado una vacuna espiritual que lleva mucho tiempo que ha sido comprobada y que es más efectiva que cualquier vacuna humana. Esta vacuna nos sirve contra las pruebas y tribulaciones que pueden afectar nuestro corazón y nuestra mente. Esta vacuna es la “paz de Dios”.  

En la carta del apóstol Pablo a los Filipenses, capítulo 4, nos encontramos con la siguiente enseñanza: “No se preocupen por nada. Más bien, oren y pídanle a Dios todo lo que necesiten, y sean agradecidos. Así Dios les dará su paz, esa paz que la gente de este mundo no alcanza a comprender, pero que protege el corazón y el entendimiento de los que ya son de Cristo. Finalmente, hermanos, piensen en todo lo que es verdadero, en todo lo que merece respeto, en todo lo que es justo y bueno; piensen en todo lo que se reconoce como una virtud, y en todo lo que es agradable y merece ser alabado. Esto quiere decir que si somos parte del pueblo de Dios,  podemos tener tal confianza en el Señor que nuestras mentes estarán libres de ansiedad y ninguna tormenta nos abrumará.  

También en el libro del  Profeta Isaías capítulo 26 se nos dice que: “Dios es nuestro refugio eterno; ¡confiemos siempre en él! Dios castiga a los creídos y derrota a la ciudad orgullosa, para que la pisoteen los humildes y los pobres. »Dios nuestro, tú cuidas a la gente buena para que cumpla tus mandamientos. Por tus enseñanzas aprendemos a vivir; ellas nos hacen sentirnos seguros”.

Jesús nos dice en el evangelio de Juan capítulo 14 que: »Les doy la paz, mi propia paz, que no es como la paz que se desea en este mundo. No se preocupen ni tengan miedo por lo que pronto va a pasar”. Jesús nos habla aquí de dos clases de paz, una es la que Él nos da y la otra, es la que da el mundo. La paz que el mundo ofrece es superficial y pasajera, pero la paz que Dios ofrece es eterna. Esta es la paz interna del corazón.  En este mismo evangelio pero capítulo 16, Jesús insiste en que: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad yo he vencido, al mundo”.

Cuando Jesús dijo estas palabras se las estaba dirigiendo a un grupo de hombres y mujeres que estaban rodeados por un imperio romano hostil, agresivo, y que dentro de muy poco tiempo se iban a enfrentar con el imperio completo y su emperador Nerón. También junto con esto, enfrentarían la más cruenta, sanguinaria y desastrosa persecución.

Aquí Jesucristo da tres palabras claves para la vida de una persona cristiana: Paz, Confianza y Victoria. Dice que en Él tenemos paz, y que vamos a estar rodeados todos los que somos miembros del cuerpo de Cristo, los que hemos sido bañados y cubiertos con la sangre de Jesucristo, vamos a enfrentarnos a un mundo que nos va a perseguir, a un mundo que no soporta la verdad. También debemos considerar que las cosas a nuestro alrededor tienen un propósito, tratar de entrar a nuestro corazón, alterarnos y robarnos la paz interior que Jesús nos ha dejado.

Seamos creyentes o no, no se puede negar el impacto que esta pandemia está teniendo en la salud mental, el miedo, la depresión, la soledad, los sentimientos de aislamiento, las preocupaciones financieras y la seguridad laboral; los cuales son solo algunos de los desafíos que enfrentamos las personas que estamos viviendo esta época. Para quienes hemos recibido a Jesucristo como nuestro Salvador y Señor de nuestras vidas, tenemos la seguridad de que con Él en nuestras vidas, no importa que tan fuerte sea la pandemia que estemos viviendo, contamos con la seguridad de que Cristo está a nuestro lado, en Él, sabemos que tenemos la paz y la tranquilad.

Enfrentemos entonces este nuevo año con la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndonos a lo que está delante. “Con esto no quiero decir que yo haya logrado ya hacer todo lo que les he dicho, ni tampoco que ya sea yo perfecto. Pero sí puedo decir que sigo adelante, luchando por alcanzar esa meta, pues para eso me salvó Jesucristo.  Hermanos, yo sé muy bien que todavía no he alcanzado la meta; pero he decidido no fijarme en lo que ya he recorrido, sino que ahora me concentro en lo que me falta por recorrer.  Así que sigo adelante, hacia la meta, para llevarme el premio que Dios nos llama a recibir por medio de Jesucristo. Filipenses capítulo 3.

¡¡Feliz año nuevo 2022!!


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