Comparte nuestro contenido

Esta será la primera de varias columnas que compartiré a través de este medio, en la cual me permitiré plasmar algunas ideas, comentarios y opiniones que espero puedan contribuir al debate, en tiempos en los que a mi juicio se grita mucho, pero escucha y debate poco.

No pretendo a través de esto instalar verdades, sin embargo, quiero con este ejercicio intelectual, contribuir a la búsqueda de ella, desafiar al lector, pero sobre todo desafiarme a mi mismo, que luego de algunos años de servicio público y acción política, ahora desde la acción privada busco ser un aporte no solo en términos productivos, sino también entrando al campo de la batalla cultural, donde desde una trinchera que defienda la libertad y el individuo, buscaré hacerme parte frente a la amenaza de las causas identitarias y otras consignas instaladas, que en general restan libertad, alteran los estándares de justicia, promueven la cancelación e impiden o limitan el emprendimiento.

Invito al lector a tomar estas columnas con respeto, pues las elaboraré con cariño y dedicación, probablemente con carencias en la forma, pues no soy un ilustrado escritor, pero si tratando de tocar el fondo de los distintos temas que abordaré, que espero sean de interés regional y coherentes a los tiempos turbulentos que vive nuestra planeta y país, probablemente alguna de las columnas toque temas mas técnicos, distantes a la política, cercanos a mi formación profesional.

Con este breve preámbulo, a pocos días de haber dejado el cargo político que sostuve durante los últimos tres años, como parte del Gabinete Regional del Gobierno del Presidente Sebastián Piñera, me referiré a algo que logré aprender de la administración del estado.

Pesada y difícil misión es liderar servicios públicos, debido a la cultura imperante en las oficinas, donde muchas veces reina la costumbre, quitando espacio a la innovación y a la toma de riesgos de quienes en ellas se desenvuelven. Sin embargo, constaté que a través del liderazgo efectivo, la entrega de confianza y facultades a colaboradores, tratando de dar el ejemplo en el actuar, es posible motivar cambios, dinamizar la atención y modernizar la gestión. Lo anterior resulta fundamental en regiones extremas, que producto de la centralización quedan rezagadas. Por ello, aunque valoro las medidas descentralizadoras, creo que es necesario sobre todo avanzar en la instalación de una nueva cultura de trabajo, donde con menos temor, mejores medidas de control y sobre todo dedicación y esfuerzo, logremos que servidores públicos utilicen sus facultades al máximo, en favor de alcanzar óptimos resultados que permitan mejorar las condiciones de vida de nuestros compatriotas, dar una mejor y ágil atención y desburocratizar y simplificar procesos, que muchas veces poseen pasos que sobran, no agregan valor, ni aportan elementos de control en favor de la probidad, transparencia o gestión.

Espero entonces que buenos ejemplos sean tomados y que el discurso descentralizador y el famoso traspaso de competencias, logren favorecer el desarrollo humano y el crecimiento económico de nuestra región y no sean solo lugares comunes en sermones políticos. Altas expectativas se poseen por quienes asumen estos días el gobierno, por el bien de los chilenos les deseamos bien, que tomen las mejores decisiones, que logren liderar un gobierno ágil, cercano y que promueva bienestar a la población.


Comparte nuestro contenido