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Aracely Leuquén Uribe, Ex Diputada Aysén.-

 
Es de transversalidad la propiedad del discurso descentralizador y la necesidad de regionalización frente a un Estado central asfixiante, donde confiar en la capacidad de gestión de las regiones resulta fundamental en un escenario de transformaciones sociales.
 
En pocos meses el país decidirá el destino de la actual carta magna donde la modificación de las normas que rigen la sociedad cambiara la vida de los chilenos de eventualmente ser aprobada. En un escenario de cuestionamiento a la clase política y especialmente hacia la conducción ideologizada de la Convención Constitucional, el fortalecimiento de las Regiones será primordial.
 
La legislación actual y su operatividad indudablemente puede tener mayor eficiencia, no obstante, la tramitación legislativa no solo busca sustento administrativo y jurídico porque su base esencial es el acuerdo político-social que proporciona validación, representatividad y legitimidad tan necesarias en democracia.
 
La Cámara de Regiones propone ser un organismo deliberativo, pero con competencias limitadas; paritario y plurinacional de representación regional que tendrá la misión de impulsar leyes con el consenso de los territorios. Que estructura se propone y que marco de financiamiento se evalúa para su funcionamiento?, cuales serán las atribuciones en el ejercicio de este rol?. En el anhelo de reducción del aparato público y los poderes del Estado es al menos contradictoria la idea de reemplazar un organismo que propone la misma esencia  política que tiene el actual cuestionado Parlamento.
 
No es la eliminación del Senado la razón exclusiva de que Leyes duerman en el Congreso Nacional, sino la incapacidad de los Gobiernos de turno para socializar las urgencias sociales con el Parlamento, a través de dialogo oportuno y no extemporáneo para grandes acuerdos nacionales.  Una inadecuada lectura de la realidad que vive el país ha sido el acento de las decisiones políticas de los últimos años, y la defensa de determinadas causas sociales advierte a la política donde están los temas de interés ciudadano. Mientras mantengamos la lógica de un país políticamente polarizado los acuerdos nacionales en materias importantes no se materializarán.
 
Toda legislación de convivencia social requiere representatividad, y Regiones electoralmente pequeñas y extremas como Aysén seguirán siendo postergadas. Para contribuir a resolver la profunda crisis de confianza en las instituciones no solo debe mejorar la clase política, sino también una ciudadanía cívicamente más preparada, con mayor manejo de la información para una opinión formada
 
La elección de Gobernadores Regionales era un avance significativo hacia la descentralización, pero poco regionalismo vemos ante la mínima conversación con el Ministerio de Hacienda y la Dirección de Presupuestos, dos organismos que siguen defendiendo las prioridades de los Gobiernos de turno y no de las Regiones del país.
 
Que en el futuro caminemos con unidad regional requiere cambios sociales y culturales más profundos que una nueva institucionalidad mediante una Cámara Regional. Construir confianzas públicas debe ser un desafío nacional que depende de todos.


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