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Cuando una persona lamenta no haber hecho algo, o bien dejó de hacer alguna cosa; decimos que es alguien que se ha arrepentido. Desde la perspectiva bíblica, el arrepentimiento es mucho más que limitarse a reconocer que se ha obrado mal; es un cambio en la manera de pensar y en su corazón que brinda una nueva perspectiva de Dios, de uno mismo y del mundo. Implica apartarse del pecado y volverse a Dios en busca del perdón.

El arrepentimiento es un sentimiento que provoca malestar en la persona, y se da cuando el ser humano es consciente que hizo algo malo y que lo impulsa a cambiar de actitud, para conseguir enmendar la situación y disminuir los sentimientos de culpa.

Es importante reiterar que la persona se siente responsable de los hechos, lo cual hace que se sienta mal por eso. Ese malestar, se debe a un comportamiento reprochable de lo que hizo en el pasado por lo cual ahora se siente culpable.

De acuerdo a lo que nos enseña la Biblia, la palabra arrepentimiento significa cambio de mente; en el sentido de poder modificar la perspectiva con la que percibimos las cosas o la situación y así, poder darnos cuenta de que no actuamos bien.

La Biblia también nos dice que el verdadero arrepentimiento tendrá como resultado un cambio de conducta. En el libro de Los Hechos capítulo 26 dice: “sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento”.

La buena conducta demuestra que nos hemos arrepentido de verdad. Cuando empezamos a creer en el Señor, dejamos de lado nuestros malos hábitos; llegamos a ser humildes y tolerantes, ayudamos a los demás y somos capaces de renunciar a cosas y de esforzarnos por difundir el evangelio y dar testimonio del Señor.

Es verdad que hay cambios en nuestra conducta, pero es innegable que no nos hemos librado de las cadenas de maldad y todavía podemos caer en pecado. Porque cuando alguien nos dice algo hiriente que no atenta contra nuestros intereses primarios, tal vez seamos capaces de aguantarnos sin llamarle la atención por ello. Pero si alguien dice algo que daña nuestro prestigio y estatus y nos avergüenza, aunque no lo critiquemos; dentro de nosotros hay resentimiento y prejuicios contra esa persona y puede ocurrir que pensemos en vengarnos.

En ocasiones, aunque parezca que no hacemos cosas que dañan, nuestra mente suele generar malos pensamientos. Puede que seamos capaces de aguantarnos y controlarnos durante un tiempo, pero si eso nos supera, es posible que seamos capaces de hacer el mal.

Si esto se manifiesta en nosotros, ¿se puede decir que nos hemos arrepentido de verdad?

En el Libro de Los Hechos capítulo 2, tenemos el siguiente relato: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”.

Si nuestro arrepentimiento proviene de un rechazo obstinado, de ignorancia o desinterés, el arrepentimiento bíblico nos llevará a un cambio de mentalidad verdadera y efectiva. El arrepentimiento verdadero, es algo que da Dios. Sólo es posible por Su gracia.

Al concluir podemos decir que: Nadie ha logrado arrepentirse de verdad, a menos que Dios le conceda el verdadero arrepentimiento. Si dejamos que Dios se acerque a nosotros, viviremos la experiencia de la salvación incluyendo el arrepentimiento y la fe, como así también se abrirán nuestros ojos y cambiará nuestro corazón.


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