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Todos los seres humanos, niños, jóvenes, adultos y tercera edad, pasamos por momentos en los cuales necesitamos recurrir a alguien. Aquellos momentos pueden ser de alegría y victoria o bien, tristeza y derrota.

Como es mi costumbre o hábito, cada vez que voy conduciendo mi vehículo escucho la música que he grabado en un pendrive. Hoy escuché la canción ¿A quién iré? De Nancy Amancio, cantante cristiana de República Dominicana. La letra de esta canción dice lo siguiente:

“Dicen que no debo aferrarme a ti. Que eso no está bien, que me hará daño
Dicen que no debo decir que sin ti. No puedo vivir, que es un fracaso
¿Pero a quién iré si en otro no hay vida? Y si te dejo, sé que no podré vivir
¿A quién iré si vives en mis pensamientos? Y si te dejo, siento que voy a morir”.

¿A quién iré, Señor, si no a ti? Solo tú tienes palabra de vida para mí.
Y me has dado tanto, me has dado tanto. ¿A quién iré Señor, si no a ti?

Dicen que no entienden el por qué, te entregué mi juventud, que nada he disfrutado.
Dicen que si no cantara para ti, yo viviría mejor y tendría fama.

Es que no entienden que por ti tengo vida. Y que diste tu vida por hacerme vivir.
Y aunque digan lo que digan, te entregué mi juventud. Es que no entienden que sin ti no tengo nada
Y que todo lo que tengo te lo debo a ti. ¿Dime a quién iré en mi desesperanza, Señor, si no a ti?

¿A quién iré, Señor, si no a ti? Solo tú tienes palabra de vida para mí.
Y me has dado tanto, me has dado tanto. ¿A quién iré, Señor, si no a ti?

Cuando una persona comienza su nueva vida en Cristo e inicia su relación con Dios, es el punto de partida de la experiencia que nos dice Nancy Amancio en su canción. Comenzamos a mantener con fuerza y convicción la idea y posición de que ante cualquier situación o circunstancia de la vida, nos debemos aferrarnos a Dios, pues Él nos brinda su ayuda y socorro.

Comenzamos a vivir la experiencia de que con Dios podemos estar en paz en todo momento, ya sea en momentos de tristeza, como así también en los momentos en que nos sentimos derrotados.

En ocasiones hay personas cercanas que nos dicen que ser tan apegado a Dios, nos hará daño porque podemos convertir en fanáticos. Sin embargo para quienes hemos experimentado estar en una comunión constante, esto nos ha permitido darnos cuenta que es lo mejor que nos podía pasar.

En el evangelio de Mateo capítulo 11, tenemos las siguientes palabras de Jesús, para quienes están angustiados y preocupados: »Ustedes viven siempre angustiados y preocupados. Vengan a mí, y yo los haré descansar. Obedezcan mis mandamientos y aprendan de mí, pues yo soy paciente y humilde de verdad. Conmigo podrán descansar. Lo que yo les impongo no es difícil de cumplir, ni es pesada la carga que les hago llevar.»

Para finalizar esta reflexión, les comparto también lo que dice el Salmo 91, escrito por el rey David y que nos dice que, “la confianza en Dios, triunfa sobre el miedo”. Vivamos bajo el cuidado del Dios altísimo; pasemos la noche bajo la protección del Dios todopoderoso. Él es nuestro refugio, el Dios que nos da fuerzas, ¡el Dios en quien confiamos!

Sólo él puede librarnos de los peligros ocultos y de enfermedades mortales; sólo bajo su protección podemos vivir tranquilos, pues nunca deja de cuidarnos. Ni de día ni de noche tendremos que preocuparnos de estar en peligro de muerte. Ni en las sombras de la noche, ni a plena luz del día, nos caerá desgracia alguna.

Tal vez a nuestra izquierda veamos caer miles de muertos; tal vez a nuestra derecha veamos caer diez mil más, pero a nosotros nada nos pasará. Con nuestros propios ojos veremos cómo los malvados reciben su merecido.

El Dios altísimo es nuestro refugio y protección. Por eso ningún desastre vendrá sobre nuestros hogares. Dios mismo les dirá a sus ángeles que nos cuiden por todas partes. Los ángeles nos llevarán en brazos para que no tropecemos con nada; andaremos entre leones y serpientes, ¡y los aplastaremos!

Dios dice: «Mi pueblo me ama y me conoce; por eso yo lo pondré a salvo. Cuando me llame, le responderé y estaré con él en su angustia; lo libraré y lo llenaré de honores, le daré muchos años de vida, y lo haré gozar de mi salvación».


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